Necesidades y deseos: 5 actividades para niños

Una necesidad es algo que hace falta cubrir; un deseo expresa algo que nos gustaría tener o una forma concreta de cubrir esa necesidad. La diferencia depende del contexto, y desear cosas no es malo.
6–12 años, adaptando las situaciones
En este artículo
La pregunta no es solo «¿lo necesitas?»
Un abrigo puede ser necesario porque hace frío. Que sea de una marca concreta puede ser una preferencia. Un dispositivo que sirve para una tarea escolar puede cumplir una función distinta del mismo dispositivo comprado solo para jugar.
Banxico Educa explica que las necesidades y los deseos cambian con las circunstancias. En lugar de clasificar objetos para siempre, preguntad para qué los utilizaría esa persona y qué alternativas tiene. Aquí proponemos cinco actividades propias para practicar esa conversación.
Disfrutar también tiene un lugar en el presupuesto. El objetivo no es que el niño renuncie a todos sus gustos, sino que comprenda qué puede elegir con recursos limitados. Evitad usar «caprichoso» como etiqueta para una persona.
1. La mochila para dos situaciones
Dibujad una salida al parque en un día frío y otra a una piscina cubierta. Preparad tarjetas grandes con objetos: abrigo, toalla, agua, cómic, gafas de natación y un juguete. Elegid qué llevaríais en cada ocasión.
Después preguntad: «¿Hay algún objeto que cambie de grupo?». La toalla resulta útil en la piscina y quizá innecesaria en el paseo. La actividad dura unos diez minutos y se puede hacer sin comprar ni imprimir nada.
Qué observar: que pueda explicar el uso de un objeto. No importa que adulto y niño elijan exactamente las mismas cosas; algunas decisiones dependen de información que habrá que añadir.
2. Tres columnas, no dos
En una hoja escribid «hace falta ahora», «me gustaría» y «necesito saber más». Elegid seis compras imaginarias y repartidlas. La tercera columna evita responder demasiado deprisa.
«Zapatillas nuevas» puede ir a “necesito saber más”. ¿Las actuales están rotas, se han quedado pequeñas o todavía sirven y queremos otro color?
Dejad que cada persona haga una pregunta antes de mover una tarjeta. Al terminar, revisad si existe una forma de cubrir la necesidad sin esa compra: reparar, reutilizar o pedir prestado cuando sea adecuado.
3. La cesta de diez fichas
Inventad una merienda para dos personas con diez fichas. Las opciones de comida y bebida suman seis; una decoración cuesta tres y un juego de mesa alquilado para la ocasión cuesta cinco. Son precios ficticios, no un modelo de alimentación.
Si eligen la decoración, el total es nueve y sobra una ficha. Si quieren añadir el juego al plan de seis, el total llega a once y tendrán que cambiar algo. Buscad una alternativa gratuita para jugar o revisad las opciones de la merienda.
Pregunta final: «¿Qué sigue cubierto después del cambio?». Reducir un gasto no ayuda si impide cubrir lo que habíais acordado como necesario. No presentéis un presupuesto insuficiente como un fallo del niño.
4. El anuncio y la ficha del producto
Elegid un anuncio adecuado para su edad. En una hoja anotad lo que promete; en otra, lo que realmente incluye. Buscad tamaño, cantidad y precio, sin pulsar botones de compra.
Preguntad qué palabra intenta dar prisa: «última oportunidad», «solo hoy» o «todos lo tienen». Después ensayad una frase propia: «Me gusta, pero primero voy a comprobar si lo usaré y cuánto cuesta».
No hace falta demostrar que toda publicidad es falsa. Interesa distinguir una emoción que provoca el anuncio de una característica que se puede comprobar.
5. La lista para revisar otro día
Cuando aparezca un deseo, anotadlo con su precio y la fecha. Elegid juntos un momento para revisarlo, por ejemplo al día siguiente. La espera no garantiza que deje de quererlo ni tiene que utilizarse como castigo.
En la revisión, contestad: «¿Sigue interesándome?», «¿Para qué lo usaría?» y «¿Qué otra cosa dejaría de hacer con ese dinero?». Puede decidir comprar, esperar más o quitarlo de la lista. Las tres respuestas pueden ser razonables.
Cómo poner un límite sin descalificar el deseo
Podéis decir: «Entiendo que lo quieras. Hoy hemos reservado este dinero para la lista. Podemos anotarlo y mirar cuándo encajaría». Reconocer el interés no obliga a comprar y explicar el límite no requiere contar todas las preocupaciones económicas del hogar.
Si compara con otros niños, volved al acuerdo familiar. «Cada casa organiza sus compras de manera diferente» evita convertir la conversación en una competición. También podéis buscar una actividad que permita disfrutar juntos sin gastar.
Dudas habituales
¿Los juguetes son siempre un deseo?
No conviene decidirlo por la etiqueta del objeto. El juego es parte de la vida infantil; eso no implica necesitar cada juguete ni la versión más cara. Hablad de la función, de lo que ya tiene y de las alternativas.
¿A partir de qué edad sirve?
Cuando pueda conversar sobre situaciones sencillas podéis empezar con dos opciones y dibujos. Las edades propuestas no son una prueba de madurez. Si explicar la categoría cuesta, contad una historia concreta y decidid juntos.
¿Cómo continuar?
Aplicad una sola pregunta de estos juegos a la próxima compra. Para trabajar un objetivo elegido por el niño, podéis usar la tabla de ahorro y mantener separados el dinero de esa meta y el de otros gustos.
Fuentes y criterio editorial
Preparado por INKORA. Los ejercicios, relatos, ejemplos y plantillas de esta página son propuestas propias. Educación general, no asesoramiento financiero personalizado. Las edades son orientativas.
Fuentes consultadas el 10 de octubre de 2026. Las fuentes aportan contexto; no han revisado ni avalan nuestros artículos o libros.